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¿Por qué el fútbol es tan importante en el estado anímico de los peruanos?

  08 de septiembre 2017


Redacción:
Edgar Alarcón 

Escribe: Psic. Mirko Requejo Núñez

"El fútbol es la única religión que no tiene ateos". Eduardo Galeano - Fútbol a sol y sombra (1995)

Esta frase del célebre escritor uruguayo, Eduardo Galeano, no sólo da a entender la magnitud social de un deporte, sino que también podríamos decir que esta fiebre la comparten, uruguayos, argentinos, y millones de personas en el mundo; y por supuesto, en Latinoamérica y en nuestro país, coge un matiz especial.

 Y es que desde pequeños, vamos socializando con aquellos elementos e instituciones sociales de nuestra cultura a través del juego y los deportes. Llegamos a ser cristianos, porque nuestros padres lo son, y porque también se enseña en los colegios. Llegamos a ser aficionados de algún deporte o club, porque nuestros seres queridos son aficionados de éstos; y también porque existe una canchita de fulbito cerca de nuestros hogares. Sin embargo, no debemos olvidar que existen muchas personas que no legitiman en sus vidas estos aspectos culturales, llegando a asumir gustos e ideologías distintas y particulares, siempre respetables.

 Al convertirnos en adultos seguimos conservando rasgos y comportamientos que en otras especies sólo definen a los miembros infantiles, y uno de estos es el juego (Bruner, 2012). Mientras vamos siguiendo nuestra propia trayectoria evolutiva, vamos interiorizando la estructura de un deporte, e integrándolo cognitiva y afectivamente; influyendo, cómo no, en nuestra identidad.

Entonces nos volvemos hinchas. Nos identificamos con el club que tiene más hinchas en el barrio, o con el club que siguen nuestros familiares. O podemos optar por el que tiene menos hinchas, rechazando algunos aspectos negativos de alguna hinchada, formando así nuestras actitudes. Empero, nadie, al menos para los aficionados del fútbol, nadie puede escapar del equipo de todos: la Selección Peruana de Fútbol.

Costa, Sierra y Selva se unen a una sola voz, como dicen los narradores y las canciones. Y es que todos quieren ver la virtuosidad de los atletas más talentosos de una nación. Espectáculo que genera toboganes emocionales, al ritmo de los goles.

De esta forma, un evento social complejo, como un partido de fútbol, no puede ser observado de manera objetiva (Zimbardo, 2005). Muchas veces llegamos a ser presos de la euforia y el fanatismo, interpretando una realidad deportiva, quizá simple para los críticos, pero pasional para los que latimos al ritmo del bombo, cánticos y los goles. Y por supuesto, con un prisma posiblemente sesgado, quizá vemos como injustas las derrotas.

El lienzo de la historia del país, también tiene como elemento importante al fútbol. Por ejemplo, cantar el himno nacional del Perú, cogiéndose el pecho, se dio por primera vez luego del desastre natural ocurrido en el Callejón de Huaylas. Quedó claro que aquella vez, nuestros deportistas tenían al país en el corazón, y la oportunidad de dar alegría en un momento tan trágico. Recordemos también que el 2017, luego del embiste más fuerte de los últimos años del Fenómeno El Niño, nuestra selección pudo ganar a la selección de Uruguay. De seguro se guardan las sonrisas de las personas en su memoria.

Sin duda, es bonito ver sonrisas que se mantienen relativamente en el tiempo. Alegrías que se activan cuando hay el agradable tema de conversación de una victoria deportiva, y más si se trata del deporte bandera de un país. Y mucho mejor, cuando la productividad y las ganas de salir adelante, se ven influidos. ¡Ya algunos “locos” quieren viajar a Rusia!

Con todo esto, y si queremos seguir obteniendo logros deportivos, y consecuentes alegrías, debemos apostar por la disciplina y el talento. Crear un nuevo perfil del futbolista y deportista peruano, es tarea de todos. Lejos de modelos que muestran la pantalla, de deportistas envueltos en escándalos. Lejos de borracheras.

El Estado tiene que brindar escuelas semilleras gratuitas y vales alimenticios. Y por supuesto, educación y acompañamiento psicológico siempre.

Edgar Alarcóndirector@diarioelpoder.com